De la granja pequeña a la producción industrial
En el pasado, antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando la producción a gran escala y la racionalización todavía no habían llegado a la ganadería, los animales nacían en la granja en primavera.
Hoy en día, la gran mayoría de cerdos y pollos nacen durante todo el año en empresas de reproducción especializadas. Los terneros todavía nacen de la manera "clásica" en las granjas lecheras, por la simple razón de que su nacimiento es imprescindible para activar la producción de leche en la madre. Después, el ternero casi siempre se lleva al matadero o, como paso intermedio, a un cebadero.
Por ahora no se puede hacer de otra manera. Si fuera técnicamente posible que las vacas siguieran dando leche sin parir, esta práctica se habría introducido hace mucho tiempo.
Racionalización y especialización
La racionalización de la ganadería "moderna" se basa en optimizar al máximo el proceso de producción. Los costes han de mantenerse lo más bajos posible, para que el "producto" pueda competir con los productores extranjeros. Poca gente se da cuenta de que, en los grandes países exportadores, el ganadero produce sobre todo para el mercado extranjero. Los Países Bajos exportan unos dos tercios de su producción. España exporta algo más de la mitad de su carne de cerdo: en 2024 fueron 2,72 de los 4,92 millones de toneladas producidas (Interporc). Para ello, los ministros de agricultura de la posguerra, a menudo asesorados por universidades agrarias como la de Wageningen en los Países Bajos, apostaron por la especialización del granjero, las inversiones y el aumento de la producción.
La especialización y la producción a gran escala hicieron desaparecer el amor por los animales del sector ganadero. La mayoría de los ganaderos ya no acompañan a sus animales desde el nacimiento hasta la muerte. Y si lo hicieran, tampoco podrían "ver" al animal individual, debido al gran número de animales.
Las objeciones éticas a la ganadería intensiva
La falta de ética de la ganadería intensiva no está en primer lugar en el momento del nacimiento o de la muerte del animal.
El nacimiento y la muerte de los animales son necesarios mientras las personas y los animales coman carne. En la práctica se organizan a escala industrial. En sí no hay mucho que objetar a eso, aunque desde luego no se puede llamar respetuoso. Que los pollitos nazcan en grandes cantidades de huevos en incubadoras y después se sexen en una cinta transportadora no es una imagen romántica.
Sin embargo, en esta mecanización apenas se puede hablar de un daño al bienestar animal. Claro que nos gustaría que el pollito naciera bajo las alas de su madre, pero ya puedes imaginar que eso apenas es viable económicamente. Lo que sí es un mal presagio para el trato que recibirá en las semanas siguientes es que se le trate como una "cosa". Que a los pollitos machos se les mate triturándolos o con gas es una muestra de indiferencia industrial. Por grave que sea, es una cuestión de gusto personal. Es difícil meter a todos esos machos en un refugio.
Ya existen técnicas para determinar el sexo en el huevo. Alemania (2022) y Francia (2023) han prohibido matar a los pollitos machos de las razas ponedoras, pero en la mayoría de los países estas técnicas todavía se usan poco. Lo que sí es seguro es que a este animal, en todo caso, no se le mantiene con vida mucho tiempo en condiciones precarias (la ganadería intensiva).
Las objeciones principales: la cría y el transporte
Peor es la situación de los animales que sí son económicamente interesantes: las gallinas ponedoras, los pollos de engorde, los cerdos de engorde, las cerdas de cría y en menor medida las vacas lecheras. Las objeciones morales de mayor peso a la ganadería intensiva están entre la vida y la muerte: en la cría y en los largos transportes, a menudo internacionales, de los animales de granja. Con la especialización, son el ganadero y el transportista quienes han aceptado voluntariamente hacer el trabajo sucio.
La dependencia del ganadero moderno
La industria agraria se lo ha puesto muy fácil al ganadero: ha facilitado la construcción de establos y ha preparado la producción a gran escala. Entrega en la granja los pollitos recién nacidos o los lechones y los recoge al cabo de unas semanas o meses, cuando el animal ha alcanzado el peso mínimo de sacrificio. Por edad, el animal no es más que un adolescente robusto. En España, muchas granjas de cerdos y pollos trabajan así, en régimen de integración: la empresa integradora pone los animales, el pienso, el veterinario y el transporte; el ganadero pone el establo y el trabajo.
Al ganadero que no puede o no quiere producir el forraje él mismo, le llevan el pienso a la granja y se llevan la leche. A ese ganadero sólo le queda ordeñar a las vacas o manejar el robot de ordeño y alimentar al ganado. Precisamente ése es el trabajo que la industria agraria prefiere dejar al ganadero, porque los horarios son largos e incómodos y la imagen es mala. Para los ganaderos de cerdos y pollos de engorde sin tierra propia, esto vale todavía más. |