|
Animal Freedom escribió este artículo hacia el año 2000. Entonces parecía una utopía frenar la ganadería intensiva. Desde entonces, parte de lo que proponíamos se ha convertido en política en algunos países. El núcleo del texto sigue siendo actual.
¿Qué ha cambiado desde el año 2000?
- España se ha convertido en el gran productor de cerdo de Europa. Con 34,6 millones de cerdos, España produce casi una cuarta parte (24,2 %) de la carne de cerdo de la UE. En 2025 se sacrificaron más de 56 millones de cerdos: un récord. Gran parte de esa carne se exporta.
- El debate sobre las macrogranjas llegó a la política. Desde 2020 las comunidades autónomas pueden limitar la instalación de nuevas granjas porcinas y su tamaño en zonas de alta densidad ganadera o vulnerables a los nitratos (Real Decreto 306/2020).
- Se empiezan a contar los costes ocultos. Según la FAO, los sistemas alimentarios del mundo causan cada año costes ocultos de al menos 10 billones de dólares: casi el 10 % del PIB mundial. Una quinta parte son daños al medio ambiente. En los Países Bajos, un estudio de 2023 calculó que la ganadería intensiva causa al menos 9.000 millones de euros de daños al año, mientras que el propio sector gana unos 3.000 millones. En conjunto le cuesta dinero a la sociedad. Allí no contribuye a la economía.
- Algunos gobiernos pagan a los ganaderos para que lo dejen. Los Países Bajos han comprado desde 2019 las granjas de más de mil ganaderos, sobre todo para reducir la contaminación por nitrógeno. Dinamarca será el primer país que grave las emisiones de la ganadería, a partir de 2030.
¿Se puede dar marcha atrás al aumento de escala?
La ganadería intensiva, tal como existe hoy, no tiene una larga historia. ¿Qué factores han impulsado este desarrollo? La ganadería intensiva es el resultado de varias tendencias y de varios actores que trabajan juntos.
Los actores: pienso, banco y ganadero
En primer lugar está la industria del pienso. Quiere vender la mayor cantidad posible de pienso al menor coste. Con granjas grandes de cerdos y pollos, un camión de pienso trabaja de forma eficiente. Las empresas de pienso, a menudo integradoras, también facilitaron al ganadero empezar una granja intensiva. Ayudaron a financiar y construir las naves y se ocuparon de los permisos. El ganadero solo tenía que firmar.
Los bancos siempre estuvieron dispuestos a prestar el dinero. Se trata de sumas enormes: una nave moderna cuesta fácilmente millones. Los bancos ganan con los intereses. Para el ganadero lo esencial es entonces criar el mayor número de animales en el menor tiempo posible. Solo con la máxima facturación puede devolver el préstamo.
Todas las partes parecen tener el mismo objetivo: un gran negocio y una producción eficiente. Solo los animales pagan el precio. También el medio ambiente, cuando los purines se echan en el campo hasta el límite de lo que el suelo puede absorber. A menudo incluso más allá.
Como los animales son tantos y permanecen tan poco tiempo, el ganadero apenas crea un vínculo con ellos. Los animales se convierten en medios de producción. Su bienestar se reduce hasta el punto en que el sufrimiento no es directamente visible y todavía sale rentable.
El gobierno: un doble papel
El papel del gobierno es ambiguo. Por un lado, la exportación de carne de cerdo y de aves aporta dinero. Por otro, el gobierno paga para limitar el daño al medio ambiente. Mientras tanto, cada vez menos empresas, cada vez más grandes, deciden cómo funciona el mercado. En 2025 se vio lo dependiente que es el sector: China, uno de sus grandes compradores, impuso aranceles antidumping al cerdo europeo.
El consumidor: menos influencia de lo que crees
La influencia del consumidor es limitada. Aunque todos en España compraran huevos ecológicos o carne con sello de bienestar animal, la exportación seguiría haciendo rentable la ganadería intensiva. Los consumidores de otros países apenas saben cómo vivieron los animales.
A través de las subvenciones y de los costes de la contaminación y de las enfermedades animales, el contribuyente ya paga una buena parte del precio de la carne y de los lácteos. Por eso un precio justo para alimentos producidos de forma responsable parece caro.
El control: poco y tarde
El afán de crecer sin límite deja los intereses del animal en segundo plano. En muchos países una granja solo se inspecciona en materia de bienestar animal cada varios años, o incluso con menos frecuencia. El Tribunal de Cuentas Europeo concluyó en 2018 que las normas de bienestar animal de la UE no siempre se aplican correctamente. Lee más en ¿Por qué se tarda tanto en mejorar la vida de los animales? |