La ley también debería proteger los intereses de los animales
Las leyes creadas por las personas están basadas en la defensa de sus intereses. En el caso de los animales, también hay leyes. En España, por ejemplo, la Ley 32/2007 protege a los animales de granja, de experimentación y en el sacrificio. La Ley 7/2023 protege a los animales de compañía y a los animales silvestres en cautividad. La fauna silvestre está protegida por la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad. Sin embargo, los animales no pueden defender sus propios intereses. Para las personas resulta muy difícil formular cuáles son esos intereses.
En el caso de las personas, hablamos sobre todo de la libertad y del dinero. Evidentemente, en el caso de los animales no se trata del dinero, pero, aunque parezca mentira, la mayoría de las veces tampoco se trata de la libertad. Por lo menos, tenemos que constatar que las personas hacen poco por la libertad de los animales. Sí que hay personas que intentan evitar el sufrimiento visible de los animales. Pero esto no basta para hablar de un trato justo.
Los cinco derechos y el comportamiento natural
Para los animales de granja se han formulado cinco derechos. Estos cubren la mayoría de las necesidades de los animales, incluido el derecho a comportarse de manera natural. Pero productores y consumidores suelen olvidarse de ese último derecho.
Las necesidades de alojamiento, comida y bebida, así como la prevención de enfermedades en los animales, están bien cubiertas en la mayoría de los casos. Si alguien no las cumple, la gente expresa su indignación con razón y las autoridades (en España, por ejemplo, el SEPRONA de la Guardia Civil) pueden tomar medidas. Pero el derecho a vivir en circunstancias que les permitan comportarse de manera natural en muchos casos no se respeta, a pesar de que forma parte de sus derechos (los cinco derechos).
Por qué las personas no ven esto
Quizá esto es algo que las personas no son capaces de ver. Sabemos que para conservar nuestra libertad, a menudo tenemos que tomar decisiones. Por otra parte, algunas necesidades básicas como la comida y la bebida tienen una prioridad tan alta que nos hacen olvidar el resto. Pero la mayoría de las veces estas necesidades están bien cubiertas. Incluso a nivel mundial, el problema es casi siempre el exceso de alimentos, antes que la carencia de los mismos. La obesidad y el desperdicio de alimentos son la consecuencia.
Para personas y animales es fundamental tener suficiente comida, seguridad, tranquilidad y tiempo libre. Al llegar a la edad adulta, las personas quieren tener una familia. Sin embargo, la mayoría de los animales de producción no llegan a este punto: son sacrificados cuando han crecido o ya no pueden dar más leche. Han cumplido su objetivo (final). Matar animales no es agradable para nadie, pero resulta lógico en un sistema económico de producción dirigido al consumo de carne.
El sufrimiento invisible de los animales de producción
Como la mayoría de los animales mueren muy jóvenes y la protección de los animales de producción se limita a evitar el sufrimiento visible, muchas personas no son conscientes del sufrimiento invisible que soportan los animales. Para las personas es difícil imaginar que la imposibilidad de comportarse de manera natural sea un motivo de sufrimiento para los animales. Al mismo tiempo, a las personas se nos enseña desde pequeños a llevar una vida en la que lo natural queda en un segundo plano. Podemos vivir con ello, porque tenemos cierta influencia sobre nuestro entorno.
Hemos privado a los animales de producción y a muchos animales de compañía de esta influencia, porque los hemos arrancado de su hábitat natural y los hemos mantenido como esclavos. Los espacios naturales se hacen cada vez más pequeños. El espacio vital se ha vuelto a veces tan reducido que hoy animales como los orangutanes o los osos polares están más seguros en un zoo que en su propio hábitat natural. Muchas personas que comen carne piensan lo mismo: "Tienen una vida mejor y más segura que en la naturaleza, ¿no?".
La libertad como interés de los animales
La Tierra se ha vuelto gradualmente tan pequeña que empieza a aparecer un resquicio de verdad en esta inversión de causa y efecto. Sin embargo, lo que estamos haciendo es poner patas arriba la justicia en el mundo.
En la lucha por conseguir la mayor libertad posible para nosotros mismos, hemos arruinado la calidad del espacio vital de otros. Cuando ampliamos la libertad de la manera adecuada, ampliamos la libertad de todos los implicados. Si realmente queremos hacer algo por los intereses de los animales, debemos respetar el derecho de los animales a satisfacer ellos mismos sus necesidades naturales. |