Declaración previa de Animal Freedom acerca de la condenable tradición taurina.  El uso de los toros para el combate fingido no sólo significa la violación de sus derechos. Es peor: la gente gasta su dinero para asistir a este cobardía. Es comparable con un asesinato sexual, con los espectadores de culpables, siendo ellos el motivo de esta injusticia sádica.  

por Luigi Campos Chalco

Luigi es Administrador de empresa con registro profesional número 11967, teórico del Estado, estudioso e investigador de las doctrinas sagradas y escritor de Lima-Perú.

   
Se ha calificado a las corridas de toros en España como una fiesta nacional. Sin duda, lo es, pero a su vez es una terrible afrenta a la dignidad del hombre.

¿Es un hecho cultural con tradición de siglos y con el apoyo expreso del vulgo y de la notable sociedad Española? Sin duda citaría y encuentro en sus tres últimas partes una total respuesta afirmativa. En cuanto a relacionarla como un hecho cultural, en su valor humano y espiritual, sin duda alguna que es un gran error. La cultura "es una gran visión integral y con raíces del mundo, de la vida y de la historia. Una visión que se nutre, crece y modifica." Por lo tanto no es un hecho cultural sino una "media cultura" de una ignorancia total, alimentada por la vulgaridad, la mediocridad y el sadismo.

Por desgracia este tipo de espectáculo aún se sigue considerando com o algo "inherente al pueblo Español", un presente de los "siglos del cuerno", un fenómeno social que desfavorece todas las tesis compasivas con el reino animal.

Veamos algunas pruebas de esta miserable condición humana. En el siglo XVII durante el reinado de Felipe III, Felipe IV y Carlos II, se celebraba las fiestas de toros en lo religioso y profano. Motivos religiosos que podrían ser festividades, canonizaciones, beatificaciones... y profanos en llegadas y recibimientos, matrimonios, nacimientos, cumpleaños, viajes y acontecimientos públicos.
 

Todos los años, con motivo de la festividad de San Isidro el 15 de Mayo comienza en Madrid la feria taurina que lleva su nombre, lo que significa un mes de corridas casi a diario (22 corridas de toros, 3 corridas de rejones y 3 novilladas picadas, en el año 2001). Esta carnicería anual también se celebra en mi país, Perú, e inicia un 1 de Octubre, llamada "Feria del Señor de los Milagros." ¡Es inaudito que Isidro honrad o como un santo entre los Españoles desde 1175 se manche el buen nombre de este! Lo más sugerente y apropiado para dicha fiesta podría llamarse: la fiesta de Lucifer, o la fiesta de Belcebú, o simplemente la fiesta del Maligno.

Habría que decir que la tauromaquia (el arte de lidiar toros) no es más que una miseria de una fiesta nacional que no tiene nada de divino, épico o sobrenatural como se esfuerzan en elevarla los pro taurinos.

Este acontecimiento que se extiende por todo el territorio Español y a varios países del área hispanoamericana no es más que una "Españolada" (palabra textual del sabio y Premio Nobel en literatura, en 1906, Ramón y Cajal). No es más que la obra "no de hombres sino del demonio" San Pío V. Un espectáculo de muerte y vanidad humana, que nunca favorece a España.

En un capítulo titulado Alrededor de la Muerte, la inmortalidad y la gloria de Ramón y Cajal, nos escribe: "Una cornada en el corazón mata al caballo, una estocada en l a misma víscera derriba al toro, que a su vez, en derrote desesperado y vengador, abre al lidiador el pericardio. Puestos que todos poseen un corazón y un sistema nervioso complicado ¿concederemos alma a los tres o a uno sólo? Y si nos decidimos por la última disyuntiva ¿se la otorgaremos al caballo inocente, al toro feroz o al hombre rudo que en vez de cultivar la tierra, tiene por oficio destruir los animales que ayudan a labrarla? ¿Quién es menos bruto de los tres y el más digno de la inmortalidad del espíritu? Para mí la cuestión no ofrece la menor duda; el caballo."

 

Lope de Vega (1562-1635) no era aficionado ni apologista a las corridas de toros, pero una de las pocas condenas a la fiesta de los toros que se conoce de él, nos dice:

¡Fiesta mortal! A tu inventor primero
maldiga el cielo con su mano eterna
Mala, con toro manso; buena, fiero que mata,
Hiere, pisa y desgobierna.
La fiesta es ver morir bárbaro y fiero
Contra la condición humana y tierna,
Los que no os hacen mal, ni mal os quieren.

¡Bárbaros Españoles, inhumanos!
Más crueles que idólatras y escitas,
Que entre la religión de los cristianos,
Leyes fieras tenéis con sangre escritas.
¡Volved los ojos, si lo son de humanos,
con lágrimas y voces infinitas,
a questa imagen de dolor y miedo
del mísero don Diego de Toledo.

 
Dice Pérez de Ayala en Política y toros que "es un hecho de profunda significación en la vida Española y de raíces tan hondas y extensas que no hay actividad social o artística en que no se encuentren sus huellas, desde el lenguaje hasta la industria o el comercio." Una verdad que en nada favorece y pueda enorgullecer al pueblo Español. Sin duda alguna, hay podero sas razones económica de la supervivencia de las corridas de toros. Un negocio de hecho público violento, innecesario y amoral. Pregunto: ¿Dónde están las leyes justas y representativas del adelanto del Derecho Civil Español, en lo que a una buena norma se llamaría "la ley y el orden cívico"?

Es claro y evidente que existe una sociedad económica, política e intelectual y religiosa Española aficionada, interesada e "infectada" por los toros como Vicente Espinel (1550-1624) quien le brinda grandes elogios y exaltación de la fiesta y de sus protagonistas. Y otros, conservadores, que ni lo elogian ni manifiestan su enemistad hacia el espectáculo taurino como el Español y Premio Nobel Tirso de Molina (1571-1648) o Echegaray quien lo recibiera en 1904, en sus escritos no hemos encontrado ninguna opinión sobre los toros, ni siquiera una alusión. Lo que es obvio que responden a sus cobardías. No son más que testigos falsos que se han hecho a sí mismos, completamente indiferen tes, sin ética, ni moral, y sin formación espiritual.

Dentro de esta gran realidad de la vida Española se manifiesta a una iglesia católica comprometida, colaboradora y sin oposición a esta ruina del alma.

Veamos como nos pone a la iglesia católica en relación con el mundo de los toros, el Premio Nobel de literatura, en 1922, el Español Don Jacinto Benavente: "La Iglesia, nos dice, tiene o ha tenido, un espíritu benévolo, ha mirado siempre con benevolencia al espectáculo taurino."" La Iglesia, tan intransigente en ocasiones con el teatro, con el libro y con la prensa, dispensa la más benévola tolerancia a las corridas de toros."Como es posible, viene a preguntarse, Benavente, que la Iglesia sea tan dura con todo aquel desvío procedente de la inteligencia sea tan blanda para un espectáculo que extraña violencia"? "Para la inteligencia con todos los rigores; para la brutalidad las más indulgentes sonrisas." "La Iglesia, tan celosa en fulminar anatemas contra los errores de pensamiento (...) no lo es del mismo modo contra estos errores de acción."

Y es verdad que la postura de la Iglesia católica Española ante las corridas de toros ha tenido que ver con las conveniencia que con la coherencia. He aquí algunos testimonios de religiosos católicos que atestiguan la tinieblas de estos actos.

Juan Mariana (1535-1624), el Padre Mariana, historiador y eclesiástico Español, expone en su obra De Spectaculis, los argumentos más contrarios a la fiesta de los toros. Por ello es considerado este jesuita como uno de los grandes enemigos con que ha contado aquélla a través de la historia. Quien calificara de "nefasto, cruel y negro espectáculo."
 

Santo Tomás de Villanueva, Ermitaño agustino Español, 1488-1555, habla de rito gentil, de barbaridad, de "bestial y diabólica usanza", advirtiendo a los que no prohibían las corridas que "no sólo pecáis mortalmente, sino que soís homicidas y deudores delante de Dios en el día del Juicio de tanta sangre violenta vertida."

"¡Cuán grandes son tus obras, OH Jehová!
Muy profundos son tus pensamientos.
El hombre necio no sabe,
Y el insensato no entiende esto.
Cuando brotan los impíos como la hierba,
Y florecen todos los que hacen iniquidad,
Es para ser destruidos eternamente."

Salmos 92:5-7

 
A través de la fiesta de los toros se han creado incontables elementos culturales a lo largo de la historia: poesía, prosa, periodismo, teatro, música, cine y arte. Se le ha brindado grandes elogios y exaltación de la fiesta y de sus protagonistas como el Premio Nobel Español Vicente Espinel (1550-1624). Pues esto es un signo más, claro y evidente, de la decadencia ética Española, de la sensibilidad estética de sus presuntos homo sapiens.
Es una estocada en la misma víscera a la idiosincrasia Española, que se dice que recibieron de los romanos las influencias en sus caracteres, tales como el orgullo y el sentido del honor; de los árabes heredaron el "fatalismo", el e spíritu bélico y la pasión; que los godos les legaron el espíritu religioso y la diferenciación jerárquica; el individualismo y la independencia de los celtas, y que pueden presumir de valor y lealtad gracias a sus viejísimos abuelos los iberos. Pues en definitiva, las corridas de toros forman parte de la incivilidad ibérica, lo cual constituye uno de los rasgos permanentes de la idiosincrasia Española.

Finalmente, el argumento central de este documento es que es censurable cualquier acto que implique sufrimiento o muerte de cualquier animal, sin otro motivo que la simple diversión, como es el espectáculo taurino, y que su práctica es un oficio infame y vil, y que es un hecho de profunda preocupación que el pueblo Español se desvíe de la piedad y cristiana como lo creen serlos de auténticos creyentes y convencidos cristianos.