La ética con respecto a los animales según Drewermann |
Eugen Drewermann (nacido en 1940) es un hombre apasionado, psicoanalista y teólogo. Fue sacerdote católico.
En 1992 fue suspendido como sacerdote debido a sus opiniones teológicas. En 2005 abandonó la Iglesia católica.
Desde la psicología y la teología examina la relación entre el ser humano y el animal.
Una vez dijo que hay tres cosas que él "odia": la guerra, el dinero y la manera en que tratamos a los animales.
Por su experiencia con las personas, afirma que el miedo lleva al ser humano a la violencia y la agresión, tanto física como económica, también contra los animales. |
El miedo impide actuar éticamente
La dogmática cristiana ha elevado al ser humano a centro del universo y fin de la evolución.
Por eso todo lo demás, incluido el animal, está subordinado al ser humano y existe para su beneficio. Así no ha llegado a desarrollarse una ética con respecto a los animales.
Pero cuando no se actúa éticamente con los animales, ¿es posible actuar de manera ética con las personas?
Podemos decir que la ética busca que las personas vivan con respeto y aprecio mutuos.
Nadie te obliga a hacerlo, pero cuando lo haces, enriqueces tu vida.
Te libera y te da una satisfacción que te acompaña toda la vida y que te ayuda a formar tu personalidad.
Cuando las personas son indiferentes con los animales o, podríamos agregar, con los
más débiles de la sociedad, no
adoptan una posición ética. Dañan
no solo al otro, sino también a sí
mismas. Y siempre resulta que quien pasa por alto
una vez el sufrimiento ajeno se halla en terreno
resbaladizo.
El ser humano, sin duda el ser humano moderno,
es consciente de su finitud y de lo fortuita que es su existencia (de su "contingencia").
Ha perdido la confianza en el fundamento de su existencia.
Por eso hace todo lo posible por crear sus propias seguridades:
militares, sociales y hoy en día sobre todo económicas.
Lo subordina todo a ello y así pierde su humanidad. |
Nuestra concepción de Dios ha cambiado, ¿qué viene ahora?
El ser humano moderno y secular ya no tiene un Dios del que pueda derivar
su derecho a existir. A lo sumo puede reconocer
que existe una conciencia universal o una energía
eterna en la que descansa. Pero una vez que tiene esta experiencia,
sabe que es bueno que exista tal como es.
Ya no necesita demostrar su valor todo el tiempo.
Entonces encuentra la calma. Termina su afán de poder,
de superioridad y de crecimiento
económico: ese tumor canceroso que tiene que crecer
sin cesar a costa del organismo que lo hospeda. Entonces
deja de sufrir por sí mismo y puede fijarse en los más
débiles, entre ellos los animales.
En el amor entre personas que, sin miedo, son ellas mismas,
se deja libre al otro. Ambos conservan su responsabilidad.
Ayudas a la otra persona a seguir su camino a su propia
manera. Esa actitud básica se puede extender
a los animales. Con respecto a los animales,
el ser humano tiene una mayor responsabilidad,
porque ellos, igual que los niños, tienen menos
control sobre sus circunstancias. En el espacio libre
de la Tierra, cada vez menor, el ser humano tiene
que influir en las circunstancias de tal manera que también
el animal pueda conservar su libertad. |
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