¿Tienen los animales deberes además de derechos?

Las personas tienen derechos y deberes

El deber que acompaña a ciertos derechos se reduce a esto: hay que respetar los derechos de otras personas. Los animales tienen derechos. Pero ¿qué pasa con sus deberes?

Más allá de cómo veas el contenido de los derechos de los animales, los derechos de los animales son en realidad derechos humanos. Son derechos que se conceden a las personas para poner límites a otras personas en su trato con los animales.

Por esta razón, los animales no tienen deberes. Los deberes recaen en las personas que quieren poner límites a otros. También recaen en las personas que privan a los animales de su libertad.

En nuestra época, la naturaleza libre está tan reducida que se puede decir que todo el espacio de la Tierra está bajo gestión humana. Con ello está también bajo responsabilidad humana. Hace apenas uno o dos siglos, la situación era muy distinta. Antes podías retirarte de la sociedad a la naturaleza libre de África o del Viejo Oeste. Allí podías hacer cosas que quedaban fuera de toda jurisprudencia. Por suerte, esa época ya pasó. Aun así, las películas de vaqueros todavía la idealizan.

Hoy el Estado tiene un deber de cuidado hacia los animales que se hieren en los límites de las zonas naturales. Lo mismo vale para los animales que pueden causar daños a personas o bienes.

El Estado descuida ese deber. Eso tiene que ver con los costos. Pero también con la idea de que los derechos de los animales se basan en su valor intrínseco, como hace por ejemplo la ley de los Países Bajos. El valor intrínseco es el valor que tiene el animal independientemente del valor que le da el ser humano. Con esta definición torcida de derecho, el Estado se ha desentendido de su responsabilidad. Las autoridades, como la policía o los guardabosques, simplemente sacrifican a los animales heridos en el tráfico o a los que salen del hábitat que se les asignó. Así el Estado ya no tiene que pagar su traslado a una clínica veterinaria o a su hábitat.

Para mejorar la actitud básica de la política y del gobierno hace falta un cambio de conciencia integral. En principio, cada ciudadano debe apoyar ese cambio. Para que tenga éxito, se necesita una visión sencilla y a la vez poderosa. Para expresarla, tenemos que mirar el nivel de desarrollo de la civilización. Ese desarrollo se caracteriza por saltos en los grados de libertad. La libertad es el punto de partida, el medio y el fin para llegar a más calidad de vida.

Ahora falta que ese desarrollo siga su curso. Solo nosotros, los seres humanos, podemos ponerlo en marcha y mantenerlo.

Lee también: La libertad como paradoja. Allí se explica por qué la libertad exige un deber de cuidado.