Tauromaquia: miseria de fiesta nacional

¿Cómo está la situación ahora?

Este artículo de Luigi Campos Chalco es de hacia 2001. En el texto hemos corregido algunos datos; abajo explicamos cuáles.

Las corridas de toros en 2026

  • Cada vez menos corridas. En 2007 se celebraron en España 3.651 festejos taurinos en plazas, entre ellos 953 corridas de toros. En 2024 fueron 1.457 festejos y 376 corridas. Además hubo unos 19.000 festejos populares con reses, como los bous al carrer, casi la mitad en la Comunitat Valenciana.
  • Poco público. El 8 % de la población asistió en el último año a algún espectáculo o festejo taurino. A una corrida de toros, de novillos o de rejones fue el 5,9 % (Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales 2024-2025).
  • Cataluña y Canarias. El Parlament de Catalunya prohibió las corridas en 2010. En 2016 el Tribunal Constitucional anuló la prohibición por motivos de competencias. Aun así, en Cataluña no se ha vuelto a celebrar ninguna corrida desde 2011. Canarias fue la primera comunidad en prohibirlas, con su ley de protección animal de 1991.
  • Protegidas por ley. Desde 2013 la tauromaquia es patrimonio cultural por ley (Ley 18/2013). La Ley 7/2023 de bienestar animal no se aplica a los animales de los espectáculos taurinos. En octubre de 2025 el Congreso rechazó la iniciativa popular «No es mi cultura», que pedía derogar la Ley 18/2013. En julio de 2026, 50 diputados volvieron a presentar el mismo texto.
  • Fuera de España. Colombia prohíbe las corridas, el rejoneo y las novilladas a partir de julio de 2027 (Ley 2385 de 2024). En Ciudad de México solo se permiten desde 2025 «corridas sin violencia»: sin espadas ni banderillas, sin matar al toro.
  • Perú. La Ley 30407 de protección y bienestar animal (2016) excluye las corridas de toros y las peleas de gallos. En 2020 el Tribunal Constitucional no anuló esa excepción: solo tres de los siete magistrados votaron por anularla, cuando hacían falta cinco votos (Exp. 00022-2018-PI/TC).
  • La bula de Pío V. En 1567 el papa Pío V prohibió las corridas bajo pena de excomunión (bula De salute gregis dominici). Las llamó espectáculos «del demonio y no de hombres». Felipe II no permitió su publicación en España. En 1575 Gregorio XIII suavizó la prohibición.
  • Correcciones en el texto. En el original, Ramón y Cajal figuraba como Premio Nobel de Literatura: en 1906 recibió el de Fisiología o Medicina. Tirso de Molina y Vicente Espinel aparecían como Premios Nobel, pero el premio existe desde 1901. Echegaray (1904) y Benavente (1922) sí recibieron el Nobel de Literatura. También hemos corregido los años de nacimiento de Tirso de Molina (hacia 1579, no 1571) y de Juan de Mariana (1536), la fecha de san Isidro (canonizado en 1622), las fechas de la feria de Lima y algunas erratas.

Fuentes: Ministerio de Cultura (Estadística de Asuntos Taurinos 2024; Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales 2024-2025); BOE; Congreso de los Diputados; Congreso de Colombia; Gobierno de la Ciudad de México; Tribunal Constitucional del Perú; Yale Law Library (bula de Pío V). Actualizado en octubre de 2026.

El artículo de hacia 2001

Declaración previa de Animal Freedom acerca de la condenable tradición taurina.
El uso de los toros para el combate fingido no sólo significa la violación de sus derechos. Es peor: la gente gasta su dinero para asistir a esta cobardía. Es comparable con un asesinato sexual, con los espectadores de culpables, siendo ellos el motivo de esta injusticia sádica.
Por Luigi Campos Chalco. Luigi es Administrador de empresa con registro profesional número 11967, teórico del Estado, estudioso e investigador de las doctrinas sagradas y escritor de Lima-Perú.

corridaSe ha calificado a las corridas de toros en España como una fiesta nacional. Sin duda lo es, pero a su vez es una terrible afrenta a la dignidad del hombre.

¿Es un hecho cultural con tradición de siglos y con el apoyo expreso del vulgo y de la notable sociedad española? En sus tres últimas partes la respuesta es sin duda afirmativa. Pero considerarla un hecho cultural, en su valor humano y espiritual, es sin duda alguna un gran error. La cultura "es una gran visión integral y con raíces del mundo, de la vida y de la historia. Una visión que se nutre, crece y modifica". Por lo tanto no es un hecho cultural sino una "media cultura" de una ignorancia total, alimentada por la vulgaridad, la mediocridad y el sadismo.

Por desgracia este tipo de espectáculo aún se sigue considerando como algo "inherente al pueblo español", un presente de los "siglos del cuerno", un fenómeno social que desfavorece todas las tesis compasivas con el reino animal.

Veamos algunas pruebas de esta miserable condición humana. En el siglo XVII, durante los reinados de Felipe III, Felipe IV y Carlos II, se celebraban fiestas de toros por motivos religiosos y profanos. Los motivos religiosos podían ser festividades, canonizaciones o beatificaciones; los profanos, llegadas y recibimientos, matrimonios, nacimientos, cumpleaños, viajes y acontecimientos públicos.

Las ferias de San Isidro y del Señor de los Milagros

Todos los años, con motivo de la festividad de San Isidro el 15 de mayo, comienza en Madrid la feria taurina que lleva su nombre. Eso significa un mes de corridas casi a diario (22 corridas de toros, 3 corridas de rejones y 3 novilladas picadas en el año 2001). Esta carnicería anual también se celebra en mi país, Perú, en octubre y noviembre: la "Feria del Señor de los Milagros". ¡Es inaudito que se manche así el buen nombre de Isidro, venerado en Madrid desde la Edad Media y canonizado en 1622! Lo más sugerente y apropiado sería llamar a dicha fiesta la fiesta de Lucifer, la fiesta de Belcebú o simplemente la fiesta del Maligno.

Habría que decir que la tauromaquia (el arte de lidiar toros) no es más que una miseria de fiesta nacional. No tiene nada de divino, épico o sobrenatural, por mucho que los protaurinos se esfuercen en elevarla.

Ramón y Cajal, Pío V y Lope de Vega contra las corridas

Este acontecimiento, que se extiende por todo el territorio español y por varios países de Hispanoamérica, no es más que una "españolada" (palabra textual del sabio Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1906). Según el papa san Pío V, es obra "no de hombres sino del demonio". Es un espectáculo de muerte y vanidad humana que nunca favorece a España.

En un capítulo titulado "Alrededor de la muerte, la inmortalidad y la gloria", Ramón y Cajal escribe: "Una cornada en el corazón mata al caballo, una estocada en la misma víscera derriba al toro, que a su vez, en derrote desesperado y vengador, abre al lidiador el pericardio. Puesto que todos poseen un corazón y un sistema nervioso complicado, ¿concederemos alma a los tres o a uno solo? Y si nos decidimos por la última disyuntiva, ¿se la otorgaremos al caballo inocente, al toro feroz o al hombre rudo que en vez de cultivar la tierra tiene por oficio destruir los animales que ayudan a labrarla? ¿Quién es menos bruto de los tres y el más digno de la inmortalidad del espíritu? Para mí la cuestión no ofrece la menor duda: el caballo".

Lope de Vega (1562-1635) no era aficionado ni apologista de las corridas de toros. Una de las pocas condenas de la fiesta de los toros que se le conocen dice así:

¡Fiesta mortal! A tu inventor primero
maldiga el cielo con su mano eterna.
Mala, con toro manso; buena, fiero
que mata, hiere, pisa y desgobierna.
La fiesta es ver morir bárbaro y fiero,
contra la condición humana y tierna,
los que no os hacen mal, ni mal os quieren.

¡Bárbaros españoles, inhumanos!
Más crueles que idólatras y escitas,
que entre la religión de los cristianos
leyes fieras tenéis con sangre escritas.
¡Volved los ojos, si lo son de humanos,
con lágrimas y voces infinitas,
a aquesta imagen de dolor y miedo
del mísero don Diego de Toledo!

Intereses económicos y escritores indiferentes

Dice Pérez de Ayala en Política y toros que "es un hecho de profunda significación en la vida española y de raíces tan hondas y extensas que no hay actividad social o artística en que no se encuentren sus huellas, desde el lenguaje hasta la industria o el comercio". Es una verdad que en nada favorece ni enorgullece al pueblo español. Sin duda alguna, hay poderosas razones económicas detrás de la supervivencia de las corridas de toros: un negocio público violento, innecesario y amoral. Pregunto: ¿dónde están las leyes justas y representativas del adelanto del derecho civil español, en lo que una buena norma llamaría "la ley y el orden cívico"?

Es claro y evidente que existe una sociedad económica, política, intelectual y religiosa española aficionada, interesada e "infectada" por los toros. Un ejemplo es Vicente Espinel (1550-1624), que dedica grandes elogios a la fiesta y a sus protagonistas. Otros, conservadores, ni la elogian ni manifiestan su enemistad hacia el espectáculo taurino. Es el caso de Tirso de Molina (hacia 1579-1648) o del Premio Nobel de Literatura José Echegaray, que lo recibió en 1904: en sus escritos no hemos encontrado ninguna opinión sobre los toros, ni siquiera una alusión. Es obvio que eso responde a su cobardía. No son más que testigos falsos que se han hecho a sí mismos, completamente indiferentes, sin ética ni moral y sin formación espiritual.

La Iglesia católica y las corridas de toros

Dentro de esta gran realidad de la vida española se manifiesta una Iglesia católica comprometida, colaboradora y sin oposición a esta ruina del alma.

Veamos cómo presenta la relación de la Iglesia católica con el mundo de los toros el español Jacinto Benavente, Premio Nobel de Literatura en 1922: "La Iglesia, nos dice, tiene o ha tenido un espíritu benévolo, ha mirado siempre con benevolencia al espectáculo taurino".

"La Iglesia, tan intransigente en ocasiones con el teatro, con el libro y con la prensa, dispensa la más benévola tolerancia a las corridas de toros".
"¿Cómo es posible", viene a preguntarse Benavente, "que la Iglesia sea tan dura con todo desvío procedente de la inteligencia y tan blanda con un espectáculo que entraña violencia?"
"Para la inteligencia, todos los rigores; para la brutalidad, las más indulgentes sonrisas".
"La Iglesia, tan celosa en fulminar anatemas contra los errores de pensamiento (…), no lo es del mismo modo contra estos errores de acción".

Es verdad que la postura de la Iglesia católica española ante las corridas de toros ha tenido más que ver con la conveniencia que con la coherencia. He aquí algunos testimonios de religiosos católicos que atestiguan las tinieblas de estos actos.

Juan de Mariana (1536-1624), el padre Mariana, historiador y eclesiástico español, expone en su obra De spectaculis los argumentos más contrarios a la fiesta de los toros. Por ello se considera a este jesuita uno de los grandes enemigos que ha tenido la fiesta a lo largo de la historia. La calificó de "nefasto, cruel y negro espectáculo".

Santo Tomás de Villanueva (1488-1555), ermitaño agustino español, habla de rito gentil, de barbaridad, de "bestial y diabólica usanza". Advierte a los que no prohibían las corridas que "no sólo pecáis mortalmente, sino que sois homicidas y deudores delante de Dios en el día del Juicio de tanta sangre violenta vertida".

"¡Cuán grandes son tus obras, oh Jehová!
Muy profundos son tus pensamientos.
El hombre necio no sabe,
Y el insensato no entiende esto.
Cuando brotan los impíos como la hierba,
Y florecen todos los que hacen iniquidad,
Es para ser destruidos eternamente". Salmos 92:5-7.

Las corridas y el carácter español

A través de la fiesta de los toros se han creado incontables elementos culturales a lo largo de la historia: poesía, prosa, periodismo, teatro, música, cine y arte. Autores como el poeta Vicente Espinel (1550-1624) han dedicado grandes elogios a la fiesta y a sus protagonistas. Esto es un signo más, claro y evidente, de la decadencia ética española y de la sensibilidad estética de sus presuntos homo sapiens.

Es una estocada en la misma víscera a la idiosincrasia española. Se dice que los españoles recibieron de los romanos rasgos como el orgullo y el sentido del honor; de los árabes heredaron el "fatalismo", el espíritu bélico y la pasión; los godos les legaron el espíritu religioso y la diferenciación jerárquica; de los celtas, el individualismo y la independencia; gracias a sus viejísimos abuelos los iberos pueden presumir de valor y lealtad. En definitiva, las corridas de toros forman parte de la incivilidad ibérica, que constituye uno de los rasgos permanentes de la idiosincrasia española.

Finalmente, el argumento central de este documento es que es censurable cualquier acto que implique sufrimiento o muerte de un animal sin otro motivo que la simple diversión, como es el espectáculo taurino. Su práctica es un oficio infame y vil. Es motivo de profunda preocupación que el pueblo español, que se tiene por creyente y cristiano, se desvíe así de la piedad cristiana.

Lee también: Argumentos a favor de la tauromaquia y por qué no se sostienen y Las corridas de toros deben abolirse lo antes posible.

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Algunos argumentos en el debate sobre los derechos de los animales no son válidos. Eso ocurre tanto a favor como en contra. Aquí comentamos algunos de ellos. Una forma de razonar más clara y honesta ayuda a mejorar las condiciones de vida de los animales.

Hay diferentes tipos de argumentos inválidos. Las falacias se usan en un debate a propósito o sin querer. Por eso conviene conocer los principios y la integridad de quien tienes enfrente.

¿Cómo responder a las falacias? Seis consejos

Concede al otro el beneficio de la duda. Empieza por suponer que es un malentendido y no un engaño deliberado. Incluso quien usa falacias una y otra vez puede estar simplemente mal informado o muy implicado emocionalmente.

  • Ten en cuenta el contexto. En una conversación amistosa funciona mejor un tono suave que en un debate formal. Adáptate a tu relación con la otra persona y al objetivo de la conversación.
  • Mantén la calma. Las falacias suelen buscar provocar emociones. Controla las tuyas.
  • Identifica la falacia. Intenta entender dónde falla el razonamiento. Hazlo para ti, no para pillar al otro.
  • Responde a la falacia. Haz preguntas aclaratorias o explica por qué el argumento no te convence. Evita los términos técnicos.
  • No te salgas del tema. Vuelve a lo que trata la conversación y mantenla en un nivel racional.
  • Prepárate. Si sabes que vas a hablar con alguien que usa falacias a menudo, reúne antes algunos datos y argumentos.

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